¿Por qué Zelda BotW es el mejor videojuego de mundo abierto?

Muchos de los videojuegos de mundo abierto que se han lanzado en los últimos años tienen un perfil muy similar. Primero concebían un extenso mapa muy hermoso y espectacular del que podríamos sacar varias fotos de postal. Luego creaban una serie de mecánicas jugables para darle diversión al juego. Finalmente repartían estas mecánicas por todo terreno y siempre acababa surgiendo la misma pregunta, ¿qué hacemos con los espacios vacíos del mapa?. A lo que obviamente contestaron: “Rellenamos todos los huecos con las mismas mecánicas y si hace falta repetirlas 50 o 100 veces no pasa nada, ¡más horas de juego y diversión para los usuarios!”

Esta es una de las prácticas que me hizo aborrecer el género, por no hablar de las infames misiones secundarías que no tienen otra razón de ser que obligarnos descaradamente a caminar hasta el último rincón del mapa. Pero Link ha venido para invertir dichas tendencias. Zelda BotW tiene un espíritu revolucionario, como repetían sus desarrolladores “hay que romper las convenciones”. Y es que hacía años que no disfrutaba así del entorno, ya no recordaba el verdadero significado de EXPLORAR. Me refiero, por ejemplo, a perder diez minutos en subir a la cima de una montaña por nuestra propia curiosidad, a movernos de un lado a otro por instinto, a apartarnos del camino principal por una corazonada.  En otros juegos, que nos llevan de la mano, nos dicen qué debemos hacer y dónde debemos ir en cada momento, pero este Zelda nos suelta de la mano y nos deja ser libres. Nos deja equivocarnos. Nos deja pensar. En definitiva, nos deja jugar.

En Hyrule tenemos muchísimas cosas que hacer muy diferentes unas de otras: recolección, caza, cocina, combate, rol, diálogos, mazmorras, puzles, plataformas, etc. Y lógicamente para reunirlas todas en un juego es necesario un mundo muy grande. Un mundo que, a diferencia de otros que ya hemos mencionado, está en perfecta armonía con sus mecánicas jugables. Su gran virtud ha sido fusionar la jugabilidad y el entorno como ningún juego del género lo había hecho hasta ahora. No estoy diciendo que Zelda sea el mejor en todo, ni mucho menos, pero en el aspecto jugable no tiene rival y deja en evidencia a muchos títulos.

Todo el mapa es un territorio jugable en sí y para que nos entendamos os voy a poner un par de ejemplos. Las montañas no están simplemente para hacer bonito y ser contempladas, si no que cada una resulta ser un puzle y llegar a su cima supone un reto para el jugador. También podemos hablar de algo tan común como los árboles que podemos subir a sus copas para tener una mejor visión con el catalejo, coger sus frutos para recuperar vida, talarlos para crear un puente con sus troncos o simplemente obtener leña para encender una hoguera.

Por otro lado está la sucesión del día y la noche, la lluvia, las tormentas eléctricas, el viento, la temperatura, etc. Todo esto ya lo hemos visto en otros títulos y sabemos que contribuye a concebir un mundo más realista, pero los creadores de Zelda van más allá. Cuando llueve es muy difícil escalar porque el terreno está resbaladizo, si llevamos armas de metal durante una tormenta eléctrica corremos el riesgo de que nos caiga un rayo (de ahí la importancia de guardar armas de madera), la dirección del viento es un factor muy importante a la hora de planear con nuestra paravela y por la noche pueden bajar las temperaturas por lo que debemos echar mano del abrigo.

Podría seguir enumerando ejemplos durante un buen rato, pero ya son suficientes para adivinar la gran idea de fondo que me ha enamorado: cada uno de los elementos del mapa no sólo está ahí para lucir, si no que también aporta jugabilidad a la aventura y esa es la grandeza de este Zelda.

 

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